El prestigioso catedrático de Yale Roberto González Echevarría y su colega Anke Birkenmaier han seleccionado los trabajos, fruto en su mayoría de un coloquio celebrado en 2002 para conmemorar los 100 años de la República.
El compendio se ha hecho de forma coherente y permite recorrer la literatura cubana a través de la opinión de distintas autoridades en la materia. Se evita así el cajón de sastre y el solapamiento de los asuntos tratados. Además, existe cierta disparidad de perspectivas, es decir, se alterna más o menos entre los expertos pro y contrarrevolucionarios, cualidad que no todos traslucen en sus escritos.
El primer texto marca, sin lugar a dudas, el ritmo de la obra. González Echevarría confía su canon cubano. Antes de 1959: Alejo Carpentier (por 'El siglo de las luces' y 'El arpa y la sombra'), Lezama Lima, Eliseo Diego y Virgilio Piñera. Deja fuera a Nicolás Guillén porque considera que su poesía durante el periodo revolucionario es repetitiva y trivial.
Después de 1959: Guillermo Cabrera Infante (por 'Tres tristes tigres'), Severo Sarduy (por 'Maytreya' y 'De donde son los cantantes'), Miguel Barnet (por 'Biografía de un cimarrón'), Reinaldo Arenas (por 'El mundo alucinante' y la colección de cuentos 'Con los ojos cerrados'), Antonio Benítez Rojo (por el cuento 'Estatuas sepultas'), y Calvert Casey (por el atípico relato 'Piazza Margana').
El canon de Echevarría inspira pero no coarta al resto de los trabajos. Así, incluye un ensayo notable de Vera Kutzinski que relaciona los poemas negros de Nicolás Guillén (ausente en el canon) con la poesía 'blues' de Langston Hughes bajo el título 'Cuba Libre'. Coca-cola y ron, la simbiosis de dos culturas.
Más allá de lo académico
Y es que, a pesar de que predominen las referencias a literatura secundaria, en muchos de los textos se sobrepasan los límites de lo académico para mayor interés del lector no especializado. En este sentido, el exabrupto sexual de René Prieto con su 'Contrapunteo de la frutabomba y el plátano', en clara e inofensiva alusión al original y citadísimo ensayo 'Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar', de Fernando Ortiz, es paradigmático.
Más académica es la colaboración del crítico Harold Bloom, amigo y compañero de Echevarría en la Universidad de Yale (hay quien acusa a Echevarría de ser el responsable de una presencia excesiva de la literatura cubana en el canon occidental). Bloom dedica su trabajo a justificar la inclusión de Alejo Carpentier en su famosísimo canon.
Igual de erudita es la colaboración de Giuseppe Mazzotta, un experto en Dante que relaciona la obra del poeta florentino con 'Paradiso', la obra maestra de Lezama Lima.
Junto a Lezama Lima, aparecen Virgilio Piñeira, el grupo Orígenes, la poesía negra, el relato de Carver Casey o asuntos como la lectura en las tabaquerías (un interesante artículo de Araceli Tinajero) en el resto de trabajos. En su conjunto, aunque de forma desigual y limitada, el manual alumbra gran parte de los pliegues de un canon cubano que no se ha rendido al aburrimiento del monocultivo literario.