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VIVIRÉ CON SU NOMBRE, MORIRÁ CON EL MIO
Autor: JORGE SEMPRÚN
Editorial: TUSQUETS
Páginas:
ISBN: 8483101726
En Buchenwald
SANTOS SANZ VILLANUEVA
Antes de ahora ya ha hecho Jorge Semprún varias incursiones noveladas o testimoniales acerca de su temprana militancia comunista, su participación en la Resistencia durante la guerra mundial y su experiencia en un campo de concentración nazi. De ello ha tratado, por ejemplo, en su primer libro, El largo viaje, o en Aquel domingo.
Este último título evocaba, entre otras cosas y en el contexto de un reflexión sobre el activismo clandestino y las ideologías de postguerra, el año largo que permaneció en Buchenwald. Su nueva obra, Viviré con su nombre, morirá con el mío, conecta directamente con esa otra y amplía un episodio concreto de aquel periodo. Aquí adopta una particular perspectiva, que tiene mucho de relato memorialístico pero que se desarrolla según cauces propios de la ficcionalización. Sobre todo en el modo de insertar los propios recuerdos o experiencias a lo largo de una trama de carácter narrativo.
Esa trama se centra en el proyecto del narrador y protagonista (conocido como Gérard entre los resistentes) de suplantar a un difunto a raíz de que las SS pidieran informes sobre él: de ahí el título de la obra. Este interés de la temible policía hitleriana no pasó de una falsa alarma y estuvo motivado por una gestión del padre del personaje (es decir, del propio autor), que había solicitado noticias del hijo a las autoridades nazis a través del embajador franquista en París.
En esa línea principal se insertan numerosos episodios documentales del terror de los campos. Esas tremendas anécdotas enmascaran el polémico problema de fondo: la responsabilidad de los comunistas y la del propio autor en la discriminatoria organización del trabajo en el campo. Semprún elude ese grave asunto, o, mejor, lo disuelve en una peripecia en la que él mismo resulta víctima al despertar las infundadas sospechas de sus correligionarios. La peripecia, pues, de apariencia algo intrascendente tiene una intencionalidad exculpatoria velada.
Este enfoque se complementa con un calculado desvelo en mimar su imagen y, en especial, en adornarla con apostillas culturales que, pudiendo ser ciertas, resultan a lo menos pretenciosas. Ese efecto producen las citas abundantes de poetas, el recuerdo de su lectura en alemán de Faulkner, la "autosatisfacción" confesa por un trabajo suyo de 1941 (adviértase que nació en 1923), la mención de Lukács como lector y comentarista suyo, el decir que conoció en su casa a Lorca...
Pero ya se sabe que no hay autobiógrafo que no recupere su pasado sin el deseo de trasmitir una determinada percepción de su persona, por lo que todo esto, aunque algo abultado y bastante evidente, no es tan llamativo como la falta de tensión artística. El relato, literariamente, resulta decepcionante, a una distancia enorme de otras páginas de propio Semprún de un vigor conseguido. En esta nueva visita a Buchenwald, y salvo en algún pasaje suelto, malgasta una materia en sí misma conmovedora.
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