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BALCON DE PIEDRA
Autor: LUIS MATEO DÍEZ
Editorial: OLLERO
Páginas: 128
ISBN: 8478951563
Diario de la Plaza Mayor
SANTOS SANZ VILLANUEVA
Reúne Luis Mateo Díez en Balcón de piedra un conjunto de "piezas" bastante independientes, pero unitarias por tono e intencionalidad, en torno a la Plaza Mayor madrileña. Aquí, en la llamada Casa de la Panadería, tiene el escritor su despacho de funcionario municipal, y durante lustros le ha servido de excepcional mirador de la vida cotidiana y sus secretos. De ahí el título del libro, lanzado en dos ediciones diferentes: una, común, con la cuidadosa presentación habitual del editor, y otra, en un formato especial (21'5 x 27'5 cms.) e ilustrada con magníficas fotografías del entorno hechas por Amaia de Diego que refuerzan el tono intimista y como crepuscular del texto y se sueldan con él en una afortunada compenetración de palabra e imagen.
El ceñido y emblemático escenario –testigo, además, de muchos acontecimientos históricos– tiene el valor de un microcosmos a partir del cual se revela la experiencia humana entera. La treintena de textos surgidos de un continuado y natural cultivo de la observación convierten una remota base costumbrista en un ejercicio imaginativo abocado a la metáfora. Las breves secuencias plasman situaciones de esa "aventura a la vuelta de la esquina" por la que tanto gusto ha manifestado de siempre el narrador leonés y vienen a configurar fragmentos más o menos sueltos de un diario a cuya escritura confiesa haber renunciado.
Salidos de un espacio humanizado, una selección muy depurada de hechos del ayer, de estampas cotidianas o de aprensiones del presente cobran un realce misterioso. En algunos casos se relatan experiencias con personas reales (amigos del autor, los también narradores Zúñiga, Merino o Longares). En otros se habla de seres como venidos de las fábulas de Luis Mateo Diez situadas en el espacio real de León, o en los emblemáticos e imaginarios de El Páramo o Celama (los sujetos que llevan esos nombres característicos de Rodal, Urdiales, Luelmo, Valdivia, Alcidia, Bielda...).
Con todos esos seres, ciertos o inventados, pero siempre reales, más con otros anónimos, y con continuadas reflexiones, se teje una especie de relato novelesco acerca del oficio de la vida. Una prosa de gran calidad y de honda emoción, impregnada de la melancolía del adiós, sustenta un escrito de destellante originalidad.
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