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OTOÑOS Y OTRAS LUCES
Autor: ANGEL GONZÁLEZ
Editorial: TUSQUETS
Páginas: 80
ISBN: 8483107465
El fiel de la ternura
LUIS ANTONIO DE VILLENA
Para algunos lectores más recientes el recuerdo poético del Angel González inmediato se centra en su penúltimo libro, 'Prosemas o menos' (1985), que abundaba en textos ingeniosos y relativa y buscadamente antipoéticos. Dando un giro a ese modo, creo que el nuevo y esperado libro de Angel González (Oviedo, 1925) viene a unir esta entrega con la trayectoria poética de sus mejores libros, desde 'Aspero mundo' (1956) a 'Tratado de urbanismo' (1967) que es, particularmente, uno de los que yo prefiero.
'Otoños y otras luces' es, ante todo, un libro lírico, lúcido y tierno. Un libro de madurez y luz de ocaso, lo que se asume con una serena desesperación, valdría quizás el tópico, con una desesperación senequista. Porque Otoños y otras luces es, como el mejor Angel González, poesía que habla de sentimientos y de personas, pero no superficialmente, porque quien vive en el poema (quien entra en la vivencia del poema) medita. De modo que esa poesía experiencial –a Angel no le molesta el rótulo, que usara su amigo Jaime Gil de Biedma– se vuelve siempre y necesariamente meditativa.
Dividido el tomo en cuatro partes, la primera Otoños, y la tercera Glosas en homenaje a C.R., son –para mí– las mejores. En la primera, la voz otoño recoge toda su amplia gama sémica: desde la bella luz de la estación senescente a lo que esa estación, y sus cortejos, significan en la vida del hombre. Hay poemas de espléndido equilibrio melancólico, como Casi invierno, donde se evoca además el cancionero tradicional. Glosas en homenaje a C.R. (Claudio Rodríguez) son poemas que investigan, desde dentro, la concepción chamánica del mundo y de la poesía de otro poeta de la generación de Angel, que falleció hace casi dos años, y que no era –visto externamente– de los más cercanos poéticamente a González dentro de su grupo. Algunas de estas cinco glosas, que deben quizá leerse como un único poema en partes, son bellísimas. Hay aún poemas amorosos (lo más tradicional del conjunto) y otros poemas finales, menos unitarios –otras luces– que recogen siempre la serenidad de este Angel González de sencillísima escritura perfecta, porque tiene emoción y voz y porque no tiene miedo –nunca lo tuvo– a la sobria humanidad de una justa ternura. ¿Con qué lo redimimos, /aquel tiempo sombrío?
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