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IBM Y EL HOLOCAUSTO
Autor: EDWIN BLACK
Editorial: ATLANTIDA
Páginas: 506
ISBN: 9500824663
De cámaras de gas y computadoras
CESAR VIDAL
La deportación y exterminio de grupos y etnias fue una de las constantes de la historia del s. XX. A las inmensas carnicerías de la primera guerra mundial se sumó inmediatamente el sistema represivo creado por los bolcheviques en el antiguo Imperio ruso causando decenas de millones de muertos. Tanto en uno caso como en otro, la tecnología prestó un apoyo esencial al carácter masivo de las matanzas. Con todo, ningún ejemplo como el del Holocausto —en el que perecieron cerca de siete millones de judíos— para mostrar el papel de los avances científicos en el exterminio de seres humanos.
La utilización del gas Zyklon B o la realización de fusilamientos masivos por parte de los Einsatzgruppen fueron ejemplos claros pero, como deja de manifiesto el presente libro, en absoluto únicos, de la capacidad técnica a la que recurrió el nazismo en la perpetración del genocidio.
El gran mérito del libro de Edwin Black consiste en poner de manifiesto de manera documentada cómo también el mundo de los ordenadores contribuyó, sin ningún escrúpulo de conciencia, al exterminio. Fue precisamente la IBM —el paradigma de los cerebros electrónicos— la que proporcionó los ordenadores que permitieron desde 1933 controlar a la población alemana de acuerdo con criterios raciales y que, posteriormente, facilitaron la clasificación y aniquilación de los diversos grupos en los campos de exterminio.
Aquellas máquinas —conocidas como Hollerith— señalaron a judíos, a izquierdistas, a clérigos, a polacos y, al hacerlo, facilitaron su envío a trabajos extenuantes hasta la muerte y a las cámaras de gas. También permitieron que Richard Korherr, el jefe de estadística de las SS, pudiera evaluar en millones el número de judíos exterminados ya en 1943 o que, a inicios de 1945, indicara cómo la cifra superaba los cinco millones. Se apuntaba a las víctimas, se encaminaba al matadero a las víctimas y se contaba meticulosamente a las víctimas.
Sin embargo, como tantas otras empresas cuyo concurso fue esencial para los propósitos de Hitler, IBM salió bien parada al final de la guerra. Su destino fue incluso mucho mejor que el de empresas como IG Farben o Siemens.
La IBM no sólo se vio indemne judicialmente sino que además recuperó los materiales utilizados en Alemania pudiendo destinarlos a otros fines en países diferentes. Ha sido necesario prácticamente el transcurso de medio siglo para que esta siniestra realidad haya salido a la luz. Obligación moral es conocerla y no olvidarla.
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