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COSAS QUE YA NO EXISTEN
Autor: CRISTINA FÉRNANDEZ CUBAS
Editorial: LUMEN
Páginas: 165
ISBN: 8426412920
Ponerse a recordar
PEDRO DE MIGUEL
Ni unas memorias ni retazos de autobiografía: como simples recuerdos quiere Cristina Fernández Cubas que se tomen estas páginas. Casi nada: rescatar de la memoria "lo que no existe ya, o está en vías de extinción". La infancia, por ejemplo, pero también los primeros viajes de apertura al mundo o la muerte de la hermana mayor en plena juventud. Perdidos están además los olores del despacho del padre o del colegio de monjas, el luto entrometiéndose en plena adolescencia, las normas familiares caprichosas o el lento aprendizaje de idiomas y costumbres.
La "tramposa memoria", en manos de un escritor, bascula entre la literatura y la propia formación del carácter, con todas sus reticencias, manías y modos de entender la vida. En manos de Fernández Cubas, los recuerdos se vuelven relatos, unidos por el hilo de su experiencia de gran contadora de historias y de ambientes. Los personajes reales desaparecen y regresan, asoman por una esquina tiempo después, envejecen o se revalorizan. Las historias oídas se incorporan también al caudal de la memoria, rellenando huecos, inventando razones y coartadas.
El resultado es este libro de altísima calidad, incrustado con perfiles nítidos en una voz narradora convincente y suave, capaz de dotar de sentido a las anécdotas nimias que iluminan de repente una situación o un paisaje. Ahí están los miedos infantiles, el niño abandonado durante la represión argentina, el hombre que no sabía qué hacer con las manos, la frontera boliviana convertida en una pierna, el griego que construía ciudades de lona, el extraño gesto egipcio capaz de volverte loco, el espabilado estudiante analfabeto.
Cristina Fernández Cubas, magistral cuentista a partir de "Mi hermana Elba" (1980), ha frecuentado sin prisas en los últimos veinte años el cuento, la novela y el teatro, cultivando un "fino horror" que ha inquietado a sus fieles lectores. Con "Cosas que ya no existen" añade a su obra literaria el ingrediente de aprovechar la realidad como materia narrativa, con indudable acierto. Porque, a diferencia de otros textos rememorativos, no se percibe aquí apenas nostalgia ni se cae en la tentación del ajuste de cuentas. El lector agradecerá esa muestra de confianza en su inteligencia y sabrá valorar en lo que valen estos recuerdos ajenos que podrán iluminar los propios.
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