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ANIMAL TROPICAL
Autor: PEDRO JUAN GUTIÉRREZ
Editorial: ANAGRAMA
Páginas: 294
ISBN: 8433924680
"Carpe diem" cubano
SANTOS SANZ VILLANUEVA
En una reciente entrevista, Nuria Azancot le preguntaba a Pedro Juan Gutiérrez por qué llenaba sus páginas de "sangre y de saliva, y de mierda y orina, y mocos y lágrimas". La respuesta del cubano permite entender la exuberancia escatológica y sexual de Animal tropical: "Porque la vida es así, tiene sangre y mierda y semen. Cuando sólo queda sobrevivir, el sexo y la bebida ayudan a seguir viviendo". A esta clave habría que añadir otra, que consta en la propia novela: "Un escritor puede conjeturar algo, pero lo más convincente es lo real. Si te lo inventas todo, no da gusto".
Valgan estos criterios para dar una explicación primera de este Animal tropical de trazado bastante sencillo. Un narrador autobiográfico (se llama Pedro Juan, es escritor y está buscando materia en el círculo de sus experiencias humanas inmediatas para una nueva novela) cuenta sus relaciones, primero con una jinetera de La Habana y luego con una sueca. Algo así como una oscura llamada de la sangre le hace volver desde Europa a su Cuba natal y reanudar las relaciones con la singular mulata habanera. Este recorrido se llena de toda clase de ejercicios eróticos, virtuosos, explícitos, detallistas y de una abundancia casi sobrehumana. Todo ello caracteriza a este más que animal, semental del Trópico, en un celo permanente.
Tres cuartas partes de la novela están ocupadas por estos reiterativos alardes casi circenses, que el autor presenta con deliberada montonía, explicable por ser un medio para sobrevivir. No es una cruda sexualidad gratuita, porque esa razón la justifica, pero también es verdad que resulta fatigosa. La otra cuarta parte se dedica, a medias, a las inquietudes de Pedro Juan como escritor y a recrear el ambiente de La Habana. Estos elementos de apariencia dispersa están bien soldados porque de estos últimos deriva el frenético erotismo del protagonista.
Gutiérrez retrata con vigorosa plasticidad ese medio social empobrecido hasta el extremo y consige una estampa honda y dolorida de su pueblo. No hay expreso alegato político, pero no hace falta: el retrato es en sí mismo una acusación indirecta inapelable. Esa reconstrucción social y urbana tiene la fuerza de la denuncia porque surge de un intenso amor por la tierra, por sus peculiaridades, incluido un fondo de supersticiones y atavismos. Y posee un sentido vital bien claro: una incondicional reivindicación del placer carnal como alternativa a la miseria. De modo que este disfrute suena a un sincero "carpe diem" caribeño. Por eso la novela está llena de vitalismo, picardías y cinismo: tan simple asunto lo convierte el autor en materia de una narración entrecortada, vivaz y de una enorme intensidad.
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