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LA REPÚBLICA DE MÓNACO
Autor: MARCOS-RICARDO BARNATÁN
Editorial: SEIX BARRAL
Páginas: 160
ISBN: 8432210765
Lección de extrañeza
PEDRO DE MIGUEL
Argentino afincado en España, Marcos-Ricardo Barnatán es poeta, novelista y ensayista, crítico de arte de EL MUNDO y, a partir de este libro, también sobresaliente cultivador de la distancia corta. Los relatos de ‘La República de Mónaco’, que como afirma el autor nacieron de sus "demasiadas lecturas" de escritores como Borges y Nabokov, poseen la unidad que otorga la madurez narrativa: ese sello del propio tono y estilo de quien va más allá del homenaje literario para volver a contar historias con personal clarividencia.
Por todo el libro circula el desarraigo del pueblo judío, que no cesa de emigrar a la fuerza, viajar movido por su afán mesiánico o reflexionar ante la hecatombe en clave bíblica. Los personajes se llaman Isaac bar Nathan, David Jerusalem o Aaron Zeiger y sus vidas están hechas de sueños, inquietud y nostalgia, inmersas en un cosmopolitismo que participa a la vez de tradición y modernidad. El pasado reivindica su peso para explicar el presente, y en esa tensión logra Barnatán los mejores cuentos: "Memorial de don Segundo Sombra", que alberga un dolor dentro de otro dolor, "Noticia de Gabriel Zapata", que persigue la búsqueda de unos diarios y encuentra el amor, "Crónica de Isaac bar Nathan", que resume el sentido de búsqueda de un reino ideal equilibrado y justo.
Sólo rompe la general brevedad de los relatos una incursión hacia la novela corta que ocupa la parte central del libro: "De la agitada adolescencia del que sería Duque de Naxos". Se rememora en ella la imposición del bautismo a los niños judíos decretada en Portugal en el XVI y la huida a Amberes de la joven viuda Beatriz de Luna con toda su casa: adaptándose a los cánones de la rememoración histórica, Barnatán construye un relato lleno de nostalgia, comedido y vibrante, que va acompañado de una prosa clásica que invoca a Job como maestro.
Homenajeados o espiados, resuenan aquí ecos de Ramón Gómez de la Serna, Francisco Ayala, Papini y Eliade, Güiraldes y Nabokov, y siempre Borges. Se repiten los sueños cruzados, las profecías inconscientes, la fascinación de lo inevitable, las greguerías cojas. Los magníficos finales dudan entre la sorpresa y la constatación de la tragedia, sin acabar de cerrarse nunca, huyendo a veces -con gran originalidad- de los modelos que previsiblemente imitan.
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