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LA CAVERNA DE LAS IDEAS
Autor: JOSÉ CARLOS SOMOZA
Editorial: ALFAGUARA
Páginas: 426
ISBN: 8420478725
Platón equivocado
PEDRO DE MIGUEL
La sexta novela de este cubano afincado en Madrid -que este mismo año resultó finalista del Nadal con 'Dafne desvanecida' -sigue fiel a un modo de narrar que conjuga el juego con la irrealidad en un empeño por subrayar la supremacía de lo fantástico frente a lo real, de la pasión frente a la belleza, del instinto frente a la razón. El mundo clásico griego, origen de esa secular batalla, sirve de escenario para esta confrontación de ideas en la que siempre sale ganando la literatura frente a la filosofía.
Esta vez le ha tocado a Platón. En los tiempos de su Academia se desarrolla esta historia que echa por tierra el supuesto triunfo del mundo de las Ideas frente al de la barbarie. El cadáver que guarda esa supuesta equilibrada civilización en su armario se compone de asesinatos de efebos, sectas cuyos miembros se autoinmolan en terroríficos rituales, horror y sangre. Es la Atenas de posguerra, que tras las buenas maneras esconde otra cara "repleta de locura, éxtasis y monstruos irracionales".
Un buen alumno de la Academia de Platón aparece muerto en horribles circunstancias. Diágoras, su profesor de filosofía, acude a Heracles, experto descifrador de enigmas, para que aclare el caso. Idealismo y realismo debaten amigablemente sus puntos de vista en busca de la verdad, sin que en realidad sirva para mucho para comprender lo que está pasando, ya que nuevos asesinatos se suman al primero. La historia se va enrareciendo hasta parecer una inmensa broma, pues hasta el traductor comienza a contagiarse del pavor general, al pensar que el texto contiene alguna clave secreta que debería descifrarse para alcanzar alguna comprensión final. Y no sólo eso: de una manera confusa el principio, y más clara luego, comienza a sentirse interpelado por el texto mismo: "¿No tienes, a veces, la enloquecedora sensación de que un texto se dirige a ti personalmente?". Esta experiencia común también a todo lector habitual es explotada con ingenio por Somoza, que hace que las disquisiciones del traductor vayan ocupando cada vez más lugar a pie de página, corriendo el riesgo de caer en lo artificioso y de destrozar, a veces, la trama general del texto.
Somoza conduce con acierto la intriga y dosifica con habilidad los quiebros en el relato para poder llegar a las cuatrocientas páginas. Quizá lo de menos sea la decepción final, pues esta parece también formar parte del juego al que nos somete con sus ingeniosos trucos. El juguete acaba enseñando las tripas, pero mientras tanto ha jugado bien, y esta es una de las condiciones
de la buena ficción. Más discutible es la calidad del debate filosófico que se emprende a ratos, quizá lastrado por el tono de burla hacia toda concepción que pretenda, al menos idealmente, explicar la realidad. Con semejante punto de partida no es posible tomarse en serio ni siquiera el horror, ni -por supuesto- la encendida defensa del instinto que planea a lo largo de toda esta historia.
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