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EL ÁRBOL Y LAS NUECES
Autor: ISABEL SAN SEBASTIÁN
Editorial: TEMAS DE HOY
Páginas: 320
ISBN: 8484600637
Vasos comunicantes
DANIEL SERRANO
Cuando, el día de mañana, los historiadores quieran desentrañar el complejo laberinto del País Vasco de este final de siglo, tendrán que recurrir a este libro, todo un ejemplo de periodismo de investigación que, pertrechado con un arsenal de datos y documentos, rastrea las relaciones entre ETA y el PNV.
Sus autoras, las experimentadas periodistas Carmen Gurruchaga e Isabel San Sebastián, cuyas firmas conocen muy bien los lectores de EL MUNDO, diseccionan los turbios entresijos de esa relación. Saben de lo que escriben. Una de ellas, incluso, (Carmen Gurruchaga) es una víctima del terrorismo, ya que se vio obligada a dejar su hogar en Euskadi, tras haber sufrido atentados y recibido amenazas.
A lo largo de 21 capítulos agrupados en tres grandes bloques (De Argel a Ajuria Enea; De Ajuria Enea a Ermua y De Ermua a Estella), las dos periodistas dejan en evidencia la complicidad del PNV y la responsabilidad moral de Xabier Arzalluz con el terrorismo de ETA. Una actitud que queda elocuentemente de manifiesto con la reflexión del presidente del EBB que da pie al título del libro: «No conozco ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan; unos sacuden el árbol para que caigan las nueces y otros las recogen para repartirlas».
En un encuentro secreto mantenido con dirigentes de KAS el 26 de marzo de 1991, Arzalluz dió a conocer su proyecto de alcanzar la soberanía de Euskadi, «estilo Lituania». Y, tal como queda de relieve en las páginas de 'El árbol y las nueces', el líder nacionalista parece haber supeditado a ese objetivo cualquier otro planteamiento.
Hay dos momentos en la Historia reciente de ETA, en los que la banda armada estuvo contra los cuerdas. Tras la caída de la cúpula, en Bidart, Francia (1992), gracias a la eficaz presión policial; y tras la «pasión y muerte» de Miguel Angel Blanco, (1997) gracias al clamor social contra la violencia. Ambos momentos podían haber significado el principio del fin de ETA, pero en las dos ocasiones, Arzalluz contribuyó indirectamente a que saliera del atolladero y continuara con su guerra.
Especialmente escalofriante fue la advertencia del líder del PNV a Carlos Iturgaiz, al día siguiente de la ejecución de Blanco: «Ahora estamos todos subidos en la cresta de la ola, y me parece muy bien. Pero en cuanto baje la ola, cada uno irá por su camino». «El presidente del PNV -explican las autoras vaticina ese día que "ETA está en las últimas", pero lejos de sumarse a las otras fuerzas democráticas para propinarle el golpe de gracia, multiplica y acelera sus esfuerzos para utilizar esa circunstancia en beneficio propio y de su viejo proyecto soberanista».
Esa podría ser la conclusión de este libro imprescindible: el «egoísmo» político del dirigente peneuvista, su insolidaridad radical, que implica un desprecio por la búsqueda del bien común.
–Encuentro digital con Isabel San Sebastián y Carmen Gurruchaga
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